¿Cómo te motivas a ti mismo? ¿Tienes una estrategia básica que te funcione a ti, como persona única que eres (con sus gustos, proyectos y características personales)?
Hazte una motivación a tu medida, como la ropa que vistes.
Alimentando las ganas de avanzar
La motivación es esa fuerza interior gracias a la que progresas en un sentido o en otro. Una manera simple de referirse a ella podría ser: son las ganas de hacer eso que tienes en frente.
Ahora bien, esas ganas son algo más complejo que el instinto natural que hace que te mantengas vivo y le des satisfacción a tus necesidades básicas (comer, dormir, etc.).
Las ganas de vivir, de avanzar hacia proyectos y objetivos, son algo más; algo que se aprende conociéndose a uno mismo y practicando continuamente.
La motivación ni la regalan ni se compra en ninguna parte. Cuando no la tienes, nadie te la puede prestar. La tienes que generar tú.
Para generar motivación hemos recopilado en el blog estrategias como estas o estas otras.
Sin embargo, más que recetas mágicas, son pistas. Porque las únicas estrategias realmente efectivas parten del conocimiento que tú tengas de ti mismo.

Tiene sentido si consideramos la motivación personal como un traje hecho a medida de cada uno.
Como nuestras vidas son distintas, la motivación que necesitamos para afrontar los retos también ha de serlo. A cada uno le toca, pues, diseñar su estrategia a medida.
Ahora bien, si nos proponemos extraer un punto de partida común para nuestras distintas estrategias automotivadoras, este podría sustentarse en lo siguiente:
1) Empezar con buen pie
Es decir, creer que lo que haces servirá de algo.
¿A quién le apetece ponerse a trabajar en una tarea o proyecto que tiene prácticamente la certeza de que saldrá mal?
Puedes hacerlo por si «suena la flauta», pero no es lo más recomendable, especialmente si hablamos de objetivos a largo plazo.
Para empezar con buen pie, conviene generar una actitud positiva de donde nazcan la confianza, la paciencia… y toda esa serie de herramientas que te ayudarán a avanzar en ese objetivo (u objetivos) que tienes.
Un truco sencillo para ir construyendo esta atmósfera optimista es, simplemente, tratar de empezar la mañana con buen pie. Las primeras horas pueden encarrilar el resto del día.
2) Controlar las expectativas
Por ambicioso que sea un objetivo, generalmente lo alcanzas dando pequeños pasos.
Por lo tanto, sirve mejor a tu motivación enfocarte en los pequeños avances que se están produciendo, en lugar de mirar hacia el lejano horizonte donde se encuentra la meta.
Quizás el resultado final sea decepcionante, lo cual te desmotivaría de cara a futuros emprendimientos.
Pero, si te quedas con el éxito de los pequeños pasos que has sumado, jamás te irás con las manos vacías.
Obtienes dos beneficios de esta actitud:
- alimentar la paciencia y la constancia
- y «cubrirte las espaldas» por si algo sale mal o por si quieres retomar el objetivo.
3) Procurar la recompensa
El éxito de tu cometido es la gran recompensa. Cuando el éxito se produce, compensa por todo el tiempo, trabajo o esfuerzo que le has invertido. Ha valido la pena.
Sin embargo, para llegar hasta ahí has dado pasos que también merecen su recompensa; pequeños pasos que merecen pequeños premios.
¿Qué premios? Esto depende por completo de tus gustos, tu creatividad y tus circunstancias personales.
A veces, la satisfacción de un trabajo bien hecho sirve por sí sola. Pero no está de más complementarla con algún detalle hacia ti.
¿Como qué? Un baño relajante, de una tarde en el cine, de una siesta reconfortante, etc.
En definitiva, un pequeño regalo que te dedicas a ti mismo; un premio que expresa tu reconocimiento y renueva las ganas de dar el paso que toque mañana.
Resumiendo: Afinar la actitud positiva, tener en cuenta los pequeños avances y reconocerlos.
Partiendo de ahí, la estrategia motivadora que desarrolle cada uno puede variar bastante.
Como ves, la automotivación es una tarea de aprendizaje cotidiano. No importa fallar las veces que sean necesarias. La clave está practicar todos los días.



