Hoy ilustramos la mala sombra de los pesimistas con un cuento muy conocido. Lo dejo por aquí por si hay alguien que aún no lo conoce.
Con un poquito de humor, veremos el contraste entre dos actitudes: la del optimista y la del pesimista.
¿Qué hay de ti? ¿Eres más bien pesimista o más bien optimista?
A ver con qué descripción extrema te identificas más. Si gana el pesimismo… Mmm… Qué mal… 😀

Un pesimista se queja de todo. Nada es perfecto para él y tiene el don maravilloso de contagiar su horrible visión a los que se esfuerzan en ver un pequeño haz de luz asomando de la nube más negra que los rodee.
En concreto, un pesimista es esa persona que, cuando tú te empeñas en encontrar algo bueno, te ayuda a encontrar antes lo malo y lo peor.
Cuando tienes un día difícil y tratas de permanecer en pie, llega el pesimista y te da el golpe de gracia que te tire al suelo.
¿Por qué es tan difícil buscarle el lado bueno incluso a la fatalidad? Lo más seguro es que haya un cúmulo de razones.
Desconozco si el optimismo es la clave para hallar la felicidad. Confío en que lo es, simplemente.
Lo que tengo claro es que el pesimismo sí es el camino más directo para ser un desgraciado en esta vida y en sucesivas si las hubiera.
Un pesimista no será feliz ni viendo llover maná del cielo. Solo tiene desarrollada su capacidad para sufrir.
Para darle un poco de gracia a esta reflexión dejaré una historia que he encontrado por ahí que contrapone dos visiones diferentes de la vida: una, pesimista al máximo y la otra, justo lo contrario.

Dos hermanos: el pesimista y el optimista
Había una vez dos hermanos, uno pesimista y otro optimista. Sus padres se preguntaban por qué reaccionaban de forma tan distinta ante la misma situación y un día, tras la iniciativa de un psicólogo, hicieron un experimento.
Encerraron al pesimista en una habitación con juguetes maravillosos y, al optimista, en una cuadra llena de estiércol. Allí pasaron la tarde, cada uno en su habitación, y después llegaron los padres.
Le preguntaron al pesimista qué tal lo había pasado y este dijo algo así como:
«Regular. El columpio me ha dado un golpe en la rodilla. Las piezas del puzzle me hacen daño en las manos. Además, son demasiadas. Estuve jugando un rato con la Wii y me dio jaqueca. Es muy pesado.«
Al optimista lo encontraron completamente cubierto de mierda y escarbando. Le hicieron la misma pregunta, y este dijo:
«Bien. Presiento que hay un pony debajo de toda esta boñiga y lo estoy buscando.«
Dos formas muy opuestas de ver la vida, sin duda. Yo prefiero parecerme más a los que están cubiertos de porquería y siguen escarbando.
Bueno, eso solo si hubiera que escoger entre las dos posturas extremas. 😆
¿Y tú? ¿Qué eliges?



