Auto-recompensa tras el deber cumplido. Úsala bien.

La auto-recompensa (o auto-refuerzo) es un recurso que te sirve para reconocer un trabajo bien hecho y auto-motivarte para seguir por ese camino.

Aquí tienes ideas para utilizarlo a tu favor.

Un premio del que TÚ tienes el control

Situémonos. La auto-recompensa es un premio que te das a ti mismo cuando lo crees oportuno.

auto-recompensa: un buen café después de una larga mañana de trabajo

Hay tareas que no precisan de ninguno. Son un premio en sí mismas, porque existe una motivación intrínseca que te lleva en volandas a realizarlas.

Tiene más sentido hablar de auto-recompensa en tareas que no son tan divertidas o excitantes. O que no te llenan hasta el punto de considerarlas un premio.

Es más fácil cumplir con una tarea que te resulta fastidiosa o aburrida cuando tú mismo colocas un premio esperando en el horizonte.

Y también es un recurso que ayuda a construir hábitos.

Por ejemplo, el de estudiar X tiempo por las tardes. El esfuerzo de estudiar (en este caso) va a ser premiado con un rato muy agradable. ¿Jugando? ¿Paseando?

Con la autorrecompensa utilizas la motivación extrínseca, como reconocimiento personal a tu esfuerzo y buen hacer.

No está nada mal que aprendas a animarte y premiarte tú mismo, sin depender tanto de otros refuerzos externos, sacando de ahí el filón de energía necesario para continuar.

A mí es lo que más me gusta: la autorrecompensa la controlas TÚ. Y esto da mucho juego.

No obstante, para que este mecanismo sea beneficioso y puedas sacarle partido, has de tener en cuenta algunas cuestiones.

Estas que siguen son importantes.

Consideraciones para que la auto-recompensa sea efectiva y sana

A la hora de elegir y disfrutar tus propias recompensas, ten en cuenta lo siguiente.

un hombre se auto-regala un paseo en la playa para disfrutarlo

1. Disfruta de la confortable sensación del deber cumplido

Aunque la autorrecompensa se base en la motivación extrínseca, por ser un premio externo que te das a ti mismo, existe un premio que ya has ganado. Acostúmbrate a verlo y a reconocerlo.

Saborea la satisfacción de haberte esforzado en una tarea u obligación, cumpliendo con lo que te habías propuesto.

Así aprovechas también la motivación intrínseca. El beneficio es doble:

  • Te sientes bien contigo en ese momento. De paso, tienes un gesto de agradecimiento hacia esa personita (tú) que, pudiendo escaquearse, se ha puesto manos a la obra para hacer lo más conveniente.
  • Puedes recrear esta satisfacción y el orgullo de haber sido responsable la próxima vez en la que te dé pereza cumplir con tus tareas. Y puedes apoyarte en las ganas de volver a sentirla. ¡Arranca de nuevo!

Esto ya es un premio. Independientemente de los resultados que produzca lo que acabas de hacer, la satisfacción de haber hecho lo que dijiste que harías no te la quita nadie.

¿A que sienta bien?

2. Elige una recompensa proporcional al esfuerzo

Procura que el premio sepa a premio. Y que no se te vaya la mano.

Un caramelito, después de una semana de trajín extenuante, es un bodrio de premio. Suena más equitativo premiarte con un día o con una tarde haciendo lo que más te guste.

Tampoco suena equilibrado premiarte con un mes sabático después de esa semana infernal.

Pero eso es lo que a mí me suena. Tú eres el encargado de calibrar la recompensa.

Piensa en ella antes de embarcarte en la misión dura. Y, según tu criterio, elige un premio que vaya en consonancia con el esfuerzo que vas a hacer.

3. La comida no es la mejor auto-recompensa

No lo es, si lo tomas de hábito. Y mucha gente lo hace: se excede comiendo como si fuera un premio.

Que un día te recompenses con un helado especial, es diferente a recompensarte a menudo hartándote de helados.

A mí me encantaría sentarme a disfrutar un enorme bol de helado de chocolate al terminar de trabajar por las tardes. Pero eso no es saludable. El premio por el trabajo bien hecho termina siendo un castigo para el cuerpo.

una mujer quiere auto-recompensarse con una gran tarta

4. Comprar por comprar no es una buena auto-recompensa

Ocurre lo mismo que con el punto anterior. Si el premio va a perjudicarte en otras áreas, no es una buena recompensa.

Imagina que, para sentirme bien y premiar mi trabajo, me da por comprar caprichitos con asiduidad. ¡Qué rayos! ¡Me lo merezco!

En caso de que mi presupuesto no sea muy boyante, no tardaré mucho en verme en una posición delicada. Y lo que es más irónico: puede que necesite trabajar más para revertir la situación.

Comprar para premiarte o para sentirte mejor es un mal hábito.

Distinto es que decidas premiarte ESA VEZ con ESA COSA que necesitas o te hace tanta ilusión. Decídelo de antemano y acostúmbrate a no abrir la cartera sin pensar.

5. Cuidar de ti NO es una recompensa, en absoluto

Después de un día difícil, cansino, en el que te has exprimido hasta la última gota, decides premiarte con ocho horas de descanso a pierna suelta. Pero, ¿qué cutrez de recompensa es esta?

El cuidado personal básico NO es una recompensa, sino una necesidad. Es el requisito mínimo para que mañana puedas seguir funcionando sin odiar al mundo.

Dormir tus horas. Comer para reponer energías. Dar un pequeño paseo cuando tienes la cabeza embotada. Eso no son premios.

Un premio es que, por placer y no por necesidad, disfrutes de un rato en tu sillón preferido contemplando el atardecer. Decides que vas a pasar una tarde tranquila y la saboreas. Es un ejemplo. Ahora veremos más.

6. ¿Solución? Hazte con un repertorio variado de recompensas

una mujer disfruta de una pequeña planta, que se da como premio
  • Comer churros con chocolate es una buena recompensa, cuando no te atascas de churros con chocolate cada dos por tres.
  • Comprar un videojuego es una buena auto-recompensa, cuando no te fundes todo el presupuesto en caprichos impulsivamente.
  • Relajarte en el sofá es una buena recompensa, cuando no haces todas las tardes lo mismo, bien porque no puedas moverte del cansancio o porque no se te ocurran más opciones.

Además de que hay recompensas que te pueden perjudicar si las repites con mucha frecuencia (premiarte con comida o comprar sin cabeza, por ejemplo), pierden su efectividad si las repites demasiado.

Para sentir el “sabor a premio”, procura variar tus recompensas. Arma un repertorio con lo que más te guste y alterna.

20 Ejemplos de auto-recompensas

Teniendo en cuenta lo anterior, veamos ejemplos de pequeños premios con los que podrías homenajearte por haber cumplido con tu misión.

un hombre se recompensa viendo una película en casa
  1. Leer un buen libro.
  2. Bailar hasta hartarte.
  3. Pasar un rato sin remordimientos en tus canales preferidos de YouTube o en cualquier lugar de internet que te divierta.
  4. Hazte una playlist llena de canciones chorra, que a ti te gustan con orgullo, y báilalas a tu aire.
  5. Ir al cine.
  6. Curiosear en una librería. Sin necesidad de comprar, solo para ver qué se cuece por allá.
  7. Organizarte un maratón cinéfilo en casa. O ver una temporada de tu serie preferida del tirón.
  8. Llamar a un amigo.
  9. Concertar una reunión con tus personas preferidas, para pasar todos un buen rato. O acordar una cita larga solo para dos.
  10. Comprarte un detallito simpático: una camiseta, un boli, una planta alegre…
  11. Enviarle un mensaje a tu yo del futuro, para que levante los ánimos cuando se halle depre.
  12. Salir a dar una vuelta en bici.
  13. Tumbarte en la hierba del parque a mirar las nubes y dejar que el mundo siga su curso.
  14. Ver tu programa preferido en televisión.
  15. Tomarte un día libre. Uno laborable para mayor deleite, si puede ser.
  16. Apuntarte a una clase especial para saber más de tu hobby.
  17. Ampliar el equipo que empleas en tu hobby con un nuevo accesorio.
  18. Si no tienes hobby y siempre has querido aprender a cantar, pintar o bucear, date permiso para entrar en esa actividad.
  19. Tomar un baño con música clásica de fondo.
  20. Cambiar de look. ¿Un corte de pelo moderno, tal vez?
  21. Rociarte de estrellas en la próxima reunión de senderismo nocturno que se organice en tu pueblo. Apúntate.
  22. ¿Qué tal un picnic u otra excursión diurna en un lugar agradable?
  23. Pasear tranquilamente, sin rumbo, disfrutando del momento.
  24. Desayunar, almorzar o cenar en un lugar bonito.
  25. Prepararte un cafetito por la tarde con mucho mimo.

¡Hay muchísimas opciones! ¿Algunas de las anteriores no te convencen? Es normal. Elabora tu propia lista según tus gustos y necesidades.

Además de los pequeños homenajes, ten en cuenta los grandes. Cuando te emplees a fondo en un proyecto, decide de qué manera vas a premiar ese esfuerzo.

¿Por qué?

  • Porque te lo mereces.
  • Porque la auto-recompensa es uno de los recursos que tienes a tu disposición para motivarte.
  • Porque tú mismo puedes reconocer y premiar tu trabajo, sin depender totalmente de que otro te dé la palmadita en la espalda. ¿Y si no te la da?
  • Porque esa celebración es motivadora, para que sigas dando lo mejor de ti en lo que más te importa.

¿Qué más razones necesitas para auto-recompensarte por lo bueno que has hecho?

NOTA: Se dice autorrecompensa (todo junto, como autoestima, automotivación, autoconfianza o autocontrol).

Cuando publiqué esta entrada (que he revisado 6 años más tarde), escribí auto-recompensa, porque pensé que daba igual una cosa que otra y así enfatizaba más el “auto”.

Pues no. No da igual una cosa que otra. Es autorrecompensa, sin guión. Pero, como me sigue gustando lo subrayado que queda “auto”, lo dejaré tal cual.

Pese a la incorrección y a mis expresiones folclóricas, espero que te sea útil el contenido.


Actualizado en abril de 2025, porque seis años después, seguimos premiándonos por lo que vale la pena. Y porque algunas recompensas, como revisar lo que uno escribió, también merecen su palmadita en la espalda. 😉

Estudió y trabajó en Educación Especial. Desde 2010 escribe sobre desarrollo personal en esta página.

Categoría: