Cómo vencer la indecisión [10 Ideas prácticas]

¿Te cuesta tomar decisiones? ¿Te quedas paralizado con frecuencia incluso en elecciones simples?

Vamos a ver algunas estrategias para vencer la indecisión en las pequeñas cuestiones. Por ahí se empieza, para cuando nos veamos en la tesitura de tomar decisiones de más calado.

Alguna vez en la vida todos nos enfrentamos a decisiones difíciles. Son las que incidirán en nuestro futuro de una u otra forma y es natural que nos tomemos tiempo para elegir el camino.

Las decisiones pequeñas son más frecuentes. Desde que nos levantamos estamos tomándolas. Y, si ya es cansado elegir, peor es quedarse atascado sin saber qué rumbo tomar.

Aumentar la capacidad de decisión nos liberará de un buen número de situaciones estresantes. Pero, ¿se puede uno entrenar para ser más decidido?

indecisión

Aquí tenemos unas cuantas estrategias con las que se consigue eso mismo: ser más decidido.

(1) Da valor a tus sentimientos y preferencias.

¿Cuáles son? Dales su lugar. Hay personas que se sienten inseguras e incómodas cuando encuentran a alguien que prefiere algo distinto.

Si a ti te gusta el helado de chocolate, ¿vas a estar tomándolo siempre de fresa solo porque otro te convenza de que es lo mejor? No, ¿verdad?

(2) No intentes complacer a nadie.

Elijas lo que elijas, habrá quien lo vea bien y quien lo vea fatal.

Si has de elegir, hazlo por ti, porque estés convencido de tu opción. Eres más libre, tanto si te equivocas como si aciertas.

(3) Pasa. No hacer nada también es una decisión.

Puede ser válida en unas situaciones o salirte cara en otras, pero por el simple hecho de permanecer parado ya estás decidiendo.

En el caso de verse envuelto en un dilema (decidir entre «A» o «B», sin saber cuál es mejor), quedarse quieto puede acarrear que pierdas ambas opciones. Tenlo presente.

(4) Establece criterios personales.

Como son estrictamente «personales», solo dependen de ti, de tus principios y de tus objetivos. ¿Qué opción se acerca más a tus valores personales y a tus objetivos?

Ejemplos: ¿Que te interesa perder peso? Ve al gimnasio por la mañana. ¿Que no? Levántate más tarde. ¿Que el gimnasio es muy caro? Haz ejercicio en casa. ¿Que en casa no te relacionas? Llama a alguien para hacer footing.

(5) Confía en tu intuición.

En caso de que tu intuición te hable, escúchala. Es un elemento más que aporta mensajes cuando necesitas tomar una decisión.

La intuición te será útil en muchas ocasiones. Y la manera de afinarla es esa: usarla.

(6) Da un paseo o consúltalo con la almohada.

Si alguien te mete prisa para decidir y tú no lo tienes claro, no respondas enseguida. Date unos minutos o unas horas.

Para tranquilizarte y desbloquearte, acude a actividades que te ayuden. Ejemplos: pasear, meditar o echarte una siesta.

(7) Escribe sobre el tema.

¿Sigues con la indecisión a cuestas? Hazte con papel y lápiz, que la escritura aclara mucho las ideas.

Escribe lo que piensas sobre las distintas opciones que tengas disponibles. Unas notitas sobre cada una.

(8) Lleva un diario.

El diario quizás no te sirva para tomar la decisión que tienes ahora mismo delante. Pero te servirá para futuras decisiones.

Ya que estás anotando tus impresiones sobre lo que vas a decidir ahora, déjalas en un lugar al que más tarde puedas acudir: tu diario personal.

Si la indecisión es tu pan de cada día y no tienes muy claros tus principios, criterios, objetivos, gustos o demás, esta herramienta te ayudará a explorar en ti mismo.

Cuanto mejor te conozcas, más sencillo será decidirte en las pequeñas cuestiones.

(9) Lanza una moneda al aire.

En caso de que ya hayas dado muchas vueltas, sigas sin poder decidirte y las opciones que tienes delante no se diferencien demasiado, deja que la suerte decida. No te presiones.

O agarra la primera que veas. Total, graves no van a ser las consecuencias. Si te equivocas mucho, eso que aprendes para la siguiente.

(10) Limita las decisiones que tomas cada día.

Todos tomamos bastantes decisiones a diario. Recorta unas cuantas para evitar la fatiga. Y, con ella, los desaciertos y el bloqueo.

Hazte con una serie de hábitos y rutinas que te sirvan de esquema. Así reduces el número de decisiones. Y, cuando llegue una que te pida salirte de la rutina, estarás más fresco e inspirado para responder.

Quizás lo anterior te parezca un tanto trivial. Sin embargo, tener la capacidad de decidir en las pequeñas cosas favorece que no estemos tan perdidos cuando nos veamos en la tesitura de tomar una decisión más difícil.

Tiene sentido, ¿verdad? Una decisión sustanciosa le viene grande a quien agoniza cuando no sabe qué mantequilla elegir para el desayuno. Pues… ¡a practicar con lo pequeño!


Categoría: