¿Te has encontrado alguna vez con alguien que corrige a otros para lucirse y exhibir su inteligencia y conocimiento, más que para ayudar a quien se ha equivocado?
Me juego la cabeza a que te encuentras esta situación a menudo.
Cuando una persona asume la responsabilidad de señalar el error de otra, puede tener dos intenciones:
- Ayudarla.
- Sentirse mejor consigo misma.
Sí, también pueden darse las dos juntas.
Pero hoy me voy a referir a la segunda. Esa situación en la que «el corrector» pretende ante todo lucirse y fabricarse una fatua ilusión de superioridad.
Corregir a otros para lucirse y sentirse bien

¿Has vivido alguna vez una situación así?
Cometes un error y llega alguien (a quien ni le va ni le viene), subrayándolo y quién sabe si con la oscura intención de dejarte en evidencia.
En el competitivo mundo laboral, yo diría que es algo muy frecuente. También, con las pseudo-amistades, ¿no te parece?
Algún compañero competidor necesita reafirmar sus capacidades recalcando los errores de otra persona, ya que con sus propios méritos no le basta para destacar.
O, bueno, si tiene la oportunidad a la mano de lucirse a tu costa, sin invertir demasiado esfuerzo, ¿por qué va a rechazarla?
Esto es propio de almas inseguras, centradas en la opinión que otros tienen de ellos y que sólo buscan un poco de reconocimiento.
De acuerdo. Es un poco molesto que alguien llegue con esa actitud pedante a lucirse a costa de un resbalón nuestro.
Pero piensa que, mientras que tú has cometido un simple error, ese pretendido «sabelotodo» carga con un costal mucho más pesado: mantener su apariencia.
Eso le supondrá un gran gasto de energía sin que logre su propósito en más de una ocasión. Porque gente como tú y yo sabemos que nadie puede hacernos sentir inferiores si no les damos permiso.
Imagen de S1ON



