¿Se puede hacer? ¿Puedes evitar que te interrumpan en el trabajo (o en los estudios)?
Dependiendo del trabajo que hagas y de cómo te organices, puedes evitar más o menos interrupciones. Es importante que, por pocas que sean, bloquees unas cuantas.
Si trabajas en tu propio espacio y tienes cierto control sobre lo que ocurre mientras trabajas, te será más fácil evitar interrupciones que si trabajas de cara a un público.
Imagínate a una persona que necesita atender a quien va llegando a su puesto, responder al teléfono, contestar al jefe, interactuar con los compañeros, etc.
Y que, además de proveer a los demás de información rápida, necesita sacar adelante tareas que requieren concentración.
¿Cómo se las arregla?

Trabajos en los que te ves abocado a lidiar con las interrupciones frecuentes hay muchos. Son así. Pero siempre, incluso en este tipo de trabajos, puedes hacer algo para librarte de unas cuantas interrupciones.
La importancia de evitar interrupciones
Hay razones importantes para tomarse este tema en serio.
¿Cómo te va a dar tiempo a terminar lo tuyo bien si cada pocos minutos hay una interrupción? Y, a los minutos que se lleve la susodicha, súmales los que tardas en volver a centrarte en lo que estabas haciendo.
Incluso las interrupciones de pocos segundos, como mirar si hay notificaciones en una pantalla (aunque no las leas), consumen energía, desconcentran y aumentan la probabilidad de cometer errores.
Esto es porque el propio sonido de la notificación hace que se cuelen en tu mente pensamientos ajenos a lo que estás haciendo: (Pingg) “Ah, después miro esto…” Y, tras ese pensamiento, has de reconectar con lo que hacías antes.
Dan Ariely nos anima a apagar las notificaciones, a ser posible. Porque pocas son las que demandan una respuesta urgente.

Cuanto más larga es una interrupción, más cuesta retomar el hilo de lo que hacías. Pero, ya ves, incluso las mini-interrupciones son un fastidio. Pueden ser más fastidiosas que una interrupción algo más larga, porque son inesperadas.
Las interrupciones que esperas no son tan malas (dicen los estudios). Incluso puede cundirte la tarea cuando sabes que, en cuanto el jefe vuelva del desayuno, llegará con nuevas encomiendas.
Tu productividad crece cuando sabes que, más o menos a las 11, va a haber jaleo y te van a interrumpir. Creas un límite hasta esa hora y te concentras en avanzar. Y, si ocurre a menudo, tu cerebro se adapta a trabajar de esa manera.
Todas las interrupciones no son iguales
Hay otras interrupciones buenas, además de esas que hemos visto.
Otros ejemplos de interrupciones positivas:
- Estás haciendo un plan y te llega un mensaje con datos (pingg) que te cae como anillo al dedo.
- Un compañero nuevo te interrumpe para que le enseñes a hacer una tarea que tú venías haciendo hasta ahora. Te retrasas, sí. Pero es solo una vez y, además, te quitas una tarea de tu lista.
¿Cuántas hay de este tipo? Las interrupciones más abundantes son las que enlentecen tu trabajo. ¿O solo a mí me lo parece?
Y, dentro de eso, las que más estresan y cansan suelen ser:
- las inesperadas,
- las muy largas,
- las que llegan en el peor momento (cuando estás más concentrado o apremiado de tiempo)
- y las que menos tienen que ver con lo que estás haciendo.
Al quitarte (o quitarnos) algunas interrupciones de estas, también nos quitamos cuotas de fatiga y estrés. Con ese propósito van estas ideas.

Ideas para evitar que te interrumpan en el trabajo
Comenzamos por la sugerida más arriba. Puedes elegir la versión en vídeo si la prefieres. (Duración 3:22)
1. Silencia las notificaciones, si es posible. Todas ellas, vengan de donde vengan. Si acaso, las vas mirando cada 40 minutos o en los descansos que tú veas oportunos.
2. Cámbiate a un sitio tranquilo para hacer las tareas que requieran más concentración, si tienes la posibilidad y tu espacio habitual es una jaula de grillos.
3. Cambia tu horario. Empieza el trabajo un poco antes por lo que requiera concentración. Así te aseguras de haber avanzado antes de que “despierte” el bullicio.
Un ratito de trabajo concentrado cunde más que dos o tres horas de trabajo interrumpido. ¿A que te consta?
4. Pide que no te interrumpan en ciertos momentos. Pídeselo incluso al jefe. A él/ella puede interesarle más que a nadie que “ese” trabajo en particular lo termines pronto y bien.
5. Deja ver señales de que estás ocupado. Aparte del cartelito “no molestar” (si lo consideras), que se note que estás muy metido en lo que estás haciendo.

6. Sé asertivo. Cuando sea necesario, acude al: “No puedo atenderte ahora. ¿Qué tal a las dos?”… “Dame 15 minutos, por favor”… o a mensajes similares.
En caso de que no puedas librarte de la interrupción, anota en unos segundos las ideas que tienes en la cabeza (antes de hablar con el interesado). Déjate una nota con dos o tres puntos. Esto para que, una vez que vuelvas a lo que estabas haciendo, sea más fácil continuar.
7. Delega en otra persona. Si hay alguien que puede responder mejor que tú a una pregunta, aprovéchalo.
A quien llegue pidiendo información, lo derivas en cuestión de instantes a la persona indicada: “Carmen sabe más que yo de esto. Pregúntale a ella.”
8. No interrumpas tú a los demás, cuando puedas evitarlo. Así predicas con el ejemplo.
Conclusión
Lo dicho. Intenta quitarte algunas interrupciones. Es la propuesta de hoy, que yo también me aplico.
Es verdad que las interrupciones no siempre se pueden evitar, pero sí puedes reducir su impacto.
Cuidar tu concentración y tu tiempo también es cuidar de ti.
Por cierto, las ideas de esta entrada son para interrupciones que vienen de fuera. Pero también es interesante darte cuenta de las veces en las que tú mismo te interrumpes.
Aquí hay una entrada que se centra más en eso: Cómo distraerte menos mientras trabajas.
Seguramente no te servirán todas las ideas en tu caso. Pero, si te resulta alguna, genial.
Gracias por leer.



