No todos los finales son tristes. Algunos, aunque duelan, son liberadores.
Sobre esos va esta reflexión: sobre los finales necesarios, esos que ocurren cuando una etapa ya no da más de sí y seguir en ella hace más daño que cerrarla.
El final se hace necesario cuando se consuma una etapa y prorrogarla es más doloroso que concluirla.
Ejemplos:
- Una amistad tóxica.
- Una relación romántica llena de infidelidades, que nos hace daño.
- Un objetivo que ya no nos interesa.
- Un compromiso que ha dejado de tener sentido.
- Etc.
¿Por qué será que muchas personas no pueden abandonar una situación, por mucho que sean conscientes de que es destructiva para ellas?
Las razones pueden variar de una persona a otra. Quizás nos referimos a alguien que no ha aprendido las habilidades necesarias para afrontar la pérdida y la separación.
Por el contrario, puede tratarse de alguien que ha vivido tantas pérdidas traumáticas a lo largo de su vida, que se niegue a revivir la experiencia.
O puede que esa persona tenga interiorizado que el final es algo «malo» o que siempre hace daño.
¿Pero qué es lo que está detrás de esas razones? El miedo.

La persona se siente incapaz de poner el punto y final necesario. Ya sea porque teme a la tristeza, a la soledad, a la confrontación, a lo desconocido, a herir a otra persona o a que le falten las palabras en el momento de terminar.
Muchos de nosotros hemos pasado por ahí. Probablemente, todos. Hemos vivido finales necesarios, a veces dolorosos, que nos han permitido movernos de una etapa a otra.
Y, además de necesario, es algo natural. Termina un ciclo y empieza uno nuevo; como ocurre con las estaciones del año.
Cuando el miedo nos impide cerrar ese ciclo, conviene detenerse un momento. Observarlo. Preguntarnos:
- ¿Qué pasaría si no cierro esta etapa?
- ¿Qué siento al ver el final cerca?
- ¿Cómo me paraliza ese miedo?
- ¿Qué excusas me pongo para no actuar?
Una vez desenmascarados nuestros temores, podremos comenzar a dar los pasos necesarios para vencer ese miedo y liberarnos para pasar a la nueva estación que nos espera.
Nota: Esta reflexión está inspirada libremente en un antiguo artículo de Psychology Today, cuyo autor, Henry Cloud, desarrolló más adelante en su libro Necessary Endings.



