Tras el atracón viene la culpa

La comida es fuente de energía y de placeres, pero en ocasiones también lo es de disgustos.

Hoy hablamos de los atracones, de esos episodios en los que se come compulsivamente, incontroladamente, y que suelen desembocar en un sentimiento de culpabilidad y de impotencia.

La mayoría de nosotros sabemos lo que es un atracón y lo hemos experimentado. Una opípara comida familiar o un apetitoso manjar anhelado durante mucho tiempo han podido ser la causa de que algunos nos hayamos «puesto las botas» alguna que otra vez.

Esto quedaría en una simple anécdota, que quizás se repita en alguna ocasión posterior. Nada grave en ese caso. Sentirse un poco culpable por haberse excedido con la comida tiene fácil arreglo.

Por ejemplo, después de haberme terminado solita una caja de bombones (cosa que no he podido evitar alguna vez), pienso que a la mañana siguiente no van a estar todos ellos saludándome sonrientes desde mis flamantes cartucheras.

tras el atracón viene la culpa

Sé que al cuerpo le lleva unos días metabolizar todas esas grasas y aprovecho para hacer comidas más ligeritas y algo más de ejercicio para compensar el exceso. En definitiva, la culpabilidad no me dura más de unas horas.

En esas circunstancias, sentirse culpable puede ser incluso positivo, porque sirve para prevenir que esa conducta se repita continuamente. No es la ansiedad la que impulsa a comer, sino un fervor desmedido hacia el chocolate. 😳

Sin embargo, hay atracones cuyo origen no está en buscar el placer en la comida, sino en huir de problemas emocionales.

Cuando alguien que se siente mal, se acostumbra a acallar ese malestar comiendo compulsivamente estamos hablando de un trastorno alimentario. Para más señas, de lo que se conoce como «trastorno por atracón» o «binge eating«.

Con el atracón se calma el malestar

El trastorno por atracón se caracteriza por lo que hemos dicho. Se come no porque se esté muy hambriento o porque se disfrute con un alimento, sino por un malestar emocional que no se sabe canalizar de otro modo que no sea comiendo.

La manera de hacer frente a este problema pasa por varias etapas, de las cuales la primera es reconocer que se come incontroladamente debido a un problema emocional (frustración, estrés, decepciones amorosas, miedos, etc.).

La segunda etapa consistiría en vislumbrar cuál es ese problema o tener una idea de por dónde van los tiros.

Cuanto antes se lo plantee la persona, tanto mejor. La culpabilidad que se siente después del atracón aumenta la ansiedad y, por esta causa, los atracones pueden hacerse más frecuentes.

Nótese la diferencia respecto al caso anterior: la culpabilidad aquí no tiene nada de positivo.

Una vez extraídas sus propias conclusiones, la persona habrá de incorporar a su día a día una serie de conductas incompatibles con esa adicción.

Es decir, adoptar hábitos de vida saludables, tales como: ejercicio físico, relajación, evitar el aburrimiento, beber agua cuando se sienta el impulso de comer… y una que me encantaría destacar: reforzar las relaciones personales.

Un individuo no puede ganar solo todas las batallas. En ciertos momentos se necesita más que nunca esa fuerza que nace del cariño, del respeto y de la comprensión de las personas que son importantes para uno. En el caso de los atracones, sentirse aislado del mundo es perjudicial.

¿Se puede superar este problema atendiendo sólo a lo anterior? Sí, por supuesto.

Depende de la persona, de su entorno y del problema emocional al que se esté enfrentando. Sin embargo, es necesaria la ayuda de profesionales en los casos más serios.

El tratamiento supondría el uso de psicofármacos para atenuar la ansiedad en algunos casos.

Esto se puede complementar o sustituir por una terapia psicológica que ayude a la persona a adquirir esos hábitos de vida saludables y, sobre todo, a comprender y manejar de manera más beneficiosa sus emociones.

Para ampliar información:

Trastorno por atracón.

Trastornos alimentarios más comunes.


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