Aquí tienes un buen puñado de gestos diarios para limpiar y ordenar la casa sin agobios. ¿Cuántos de ellos practicas?
Seguramente conoces la mayoría de estos mini-hábitos. Pero, si alguno no está en tu repertorio, déjalo entrar en tu vida.
¿Por qué es tan importante limpiar y ordenar la casa?
Limpiar puede ser una lata, sí. Especialmente lo es cuando te apetece hacer cosas más apasionantes que dar lustre con la bayeta o clasificar objetos que no recuerdas que estaban en tu casa.
Pero la cosa se ve diferente cuando te fijas en las ventajas de vivir en un espacio más o menos limpio y ordenado. Eso es, tampoco hace falta que reduzca como una patena para que descubras lo siguiente:
→ Un entorno limpio y ordenado hace que relajarte sea más fácil y evita distracciones visuales cuando necesitas concentrarte.
La profesora Sabine Kastner, del Instituto de Neurociencia de Princeton, ha investigado cómo el desorden visual compite por nuestra atención y agota nuestras funciones cognitivas con el tiempo.
Su investigación demuestra que cuando hay muchos objetos a la vista, todos reclaman un poco de nuestra atención al mismo tiempo.
Eso hace que el cerebro trabaje más para filtrar lo importante y se canse antes, lo que puede dificultar la concentración.
Conclusión: una casa desordenada puede dificultar la concentración y aumentar la fatiga mental.

→ Reduce el estrés: Menos caos visual = más calma.
Un estudio realizado por investigadores de la UCLA encontró que las mujeres que describían sus hogares como desordenados tenían niveles más altos de cortisol, la hormona del estrés, a lo largo del día.
Estas mujeres también experimentaban un estado de ánimo más deprimido en comparación con aquellas que sentían que sus hogares estaban más organizados.
Este estudio sugiere que un entorno doméstico desordenado puede estar asociado con un mayor estrés y con un estado de ánimo más bajo.
→ Aumenta tu bienestar: Tener cierto control sobre tu entorno puede mejorar tu sensación de satisfacción personal. Estudios del University College London destacan cómo la percepción de control está vinculada al bienestar psicológico. (Fuente)
Y esa sensación es más fácil sentirla en una casa ordenada. O, al menos, cuyo desorden esté bajo control.
→ Facilita el descanso: Un dormitorio ordenado favorece el sueño reparador.
→ Combate el sedentarismo: Si no te mueves mucho durante el día, un poco de música y de limpieza doméstica ayudan a desentumecer los músculos.
Por no hablar de la consabida ventaja de que es más fácil localizar aquello que te hace falta cuando todo está en relativo orden.
Si te atraen estas ventajas, échales un vistazo a las ideas de orden y limpieza que siguen.
Algunas son tan básicas y clásicas que te aburrirán. Otras quizás te choquen por ser muy radicales. Pero aquí están todas, por si te inspiran o quieres añadir alguna más.

27 Mini hábitos para limpiar y ordenar la casa
- Haz tu cama por la mañana. Por las noches, antes de dormir, dedica unos minutos (poquitos) a ordenar o quitar cosas de en medio.
- Recoge la mesa y lava los platos justo después de comer, si no hay una buena razón para lo contrario.
- Limpia un poco el cuarto de baño después de usarlo. Esta micro-limpieza (que no tiene que durar más de 5 minutos) ahorra tiempo cuando toque la «limpieza mayor».
- Si algo se derrama o se rompe (¡crash…!), acostúmbrate a recogerlo de inmediato. ¿Muy básico? Pues no lo hace todo el mundo. Seguimos…
- No guardes papeles que no uses (periódicos, revistas, folletos, facturas del siglo anterior, etc.) a menos que tengas la seguridad de que te van a hacer falta. A despejar el espacio, que para eso está Internet.
- Si no se trata de algo muy útil o especial, elimina el correo después de leerlo (el electrónico y el «clásico»).
- Tira lo que está roto, si no sabes en qué año lo vas a arreglar o si no vale la pena hacerlo.
- Deshazte de los objetos que asocias a un doloroso recuerdo, si se puede. Acuérdate de la sabia Marie Kondo.
- Tira a la basura esos objetos decorativos que detestas (siempre que sean tuyos), para no sentir esa punción molesta cada vez que los miras.
- En general, deshazte de unos cuantos objetos decorativos. Te costará menos limpiar.
- Si te molesta tirar las cosas: recíclalas, regálalas, dónalas, véndelas o subástalas.
- Crea un espacio de almacenaje (no demasiado grande) donde colocar las cosas hasta que decidas qué hacer con ellas. Si pasa más de un año sin que las necesites, considera sacarlas de casa.
- No hagas trampa. Por ejemplo, guardando debajo de la cama cosas que no necesitas. Que no las veas no quiere decir que no continúen acumulando polvo. 🙁
- Hazte de estanterías, cajas, archivos o, en general, de las herramientas que necesites para organizarte y optimizar el espacio en casa. ¡Pero no las llenes de cosas inútiles!
- Etiqueta lo que requieras, para que sepas qué contiene cada «bulto» sin tener que abrirlo.
- No guardes la ropa muy vieja, la que se te ha quedado muy pequeña o aquella que no tienes pensado usar hasta que vuelva la misma moda estrambótica que acaba de pasar. Sácala del armario.
- No guardes cosas por duplicado o cuadruplicado, si no hay necesidad.
- Echa un vistazo al botiquín o al sitio donde guardes los medicamentos. Quédate solo con lo necesario.
- Con la comida, igual. No guardes lo caducado.
- Una regla: Por cada artilugio o producto nuevo que entre en casa, que salga uno (o dos).
- Otra regla: Si no lo necesitas, no lo compres. Si es gratis, no te lo quedes. Y, si es un regalo de alguien que «te adora» (no demasiado), lo tiras más tarde. 😀
- Acostúmbrate a guardar las cosas en su sitio después de usarlas. Cada objeto en su cajón o donde corresponda.
- Involucra en la misión «orden y limpieza» a quienes convivan bajo tu mismo techo. Enseña este buen hábito a los más pequeños.
- Dedica unos minutos cada día a limpiar y ordenar. Puedes aprovechar los pequeños paréntesis. Por ejemplo, recoger un poco la cocina mientras termina de hacerse el café.
- Si tienes la casa hecha una leonera, comienza ordenando pequeñas áreas. Cuando termines una, pasa a la siguiente.
- Fíjate un horario para limpiar más a fondo y procura hacerlo lo más ameno y agradable posible. Importante: Ha de haber un límite, tanto para empezar como para acabar la limpieza.
- Establece tu ritmo y hazlo a tu gusto. Los consejos de otros están muy bien, si se adaptan a tu estilo y necesidades. Pero a ti te corresponde decidir por qué, cuándo y cómo organizar tu espacio.

¿Cómo aplicar estos hábitos sin agobiarte?
Es normal que a veces reine el desorden en casa y que, con más frecuencia de la que quisieras, no reluzca como el sol. Dejemos esa expectativa poco realista para otros.
Lo que te propongo es lo mismo que trato de aplicar yo a mi rutina diaria: pequeñas mejoras allá donde puedas hacerlas.
- No intentes aplicar todos los mini hábitos de golpe. De los que aún no practiques, elige uno o dos para empezar.
- Practícalos junto a rutinas que ya tienes (como después del desayuno o antes de acostarte).
- Celebra los pequeños avances. La constancia es mucho más importante que la perfección.
- Sé amable contigo: Si un día fallas, mañana lo vuelves a intentar. Mantener el orden y el espacio habitable es un trabajo continuo.
- En la medida de lo posible, transforma las tareas domésticas en una experiencia agradable.
Para esto, puedes convertirlas en un juego, recordarte lo bien que te sientes en tu casa limpia y ordenada o darte una merecida auto-recompensa cuando termines. Tu creatividad manda.
Un último empujón
Recuerda: no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de avanzar paso a paso.
De los mini hábitos que no tengas, empieza por el más sencillo para ti. Y observa cómo, poco a poco, tu casa, tu cuerpo (y tu mente) te lo agradecen.
¿Te animas a poner en práctica alguno de estos mini hábitos hoy?



