¿Temes hacer el ridículo?

¿Cuántas veces te ha detenido el miedo a dar una pobre impresión? ¿Cuántas te has privado de decir o de hacer lo que querías por miedo a que te considerasen torpe o ridículo?

Ese miedo lo tuvo la persona que se apuntó a un gimnasio y no quiso probar una de las máquinas, después de ver la soltura de quienes iban usándola.

Lo tuvo el que se aguantó las ganas de bailar y se conformó con ver desde su asiento lo bien que lo hacían los que estaban en la pista.

inseguridades

Lo tuvo el alumno que se quedó con la duda, por tal de no levantar la mano en clase y preguntar lo que dio por hecho que sabían todos sus compañeros.

Y lo tuvo el cliente que fue a comprar un artefacto de última generación y asentía, haciendo como que se estaba enterando a la perfección de todas las maravillas que el dependiente le contaba sobre el aparato.

Todas esas situaciones tienen en común la inseguridad. El miedo a dar una mala impresión, a parecer tonto, torpe, ridículo.

La persona que actúa así proyecta sobre otros los malos pensamientos que tiene sobre sí mismo: Si yo creo que soy estúpido, todos los demás pensarán lo mismo.

Lo peor es que actuando así (o privándose de hacerlo por miedo) confirma la pobre impresión que tiene de sí mismo. No preguntó, no bailó, no se atrevió… Y se siente lo mismo o más de torpe y ridículo.

Pero la “culpa” de que se sienta así de mal no la han tenido los demás, a quienes no les ha dado la oportunidad de saber cómo piensan o cómo reaccionan. El responsable fue él/ella, que creyó que otros iban a juzgarle con la misma dureza con la que se juzga a sí mismo.

¿Qué podemos aprender de estas situaciones? ¿Cómo puedo o cómo puedes tú hacer que los demás te juzguen de manera favorable?

Ahí van unas cuantas ideas para que hagas el miedo a un lado, si es que te ves envuelto en una de esas situaciones:

1. Acepta tu condición humana. Todos los seres humanos tenemos en común que continuamente estamos aprendiendo cosas nuevas. Y, debido a eso, cometemos muchos errores.

Nadie es estúpido por no saber o por hacerlo mal. Cuando realmente es estúpido es cuando se dice a sí mismo que lo es y lo utiliza de excusa para no aprender.

2. Acepta que no puedes controlar lo que la gente piensa. No puedes, porque ni tan siquiera sabes lo que piensan.

El dependiente de la tienda te puede mirar con mala cara cuando le preguntes por tercera vez: ¿Para qué dice usted que sirve este botón? Y no puedes estar seguro de si en su cara hay fastidio por tu pregunta o a causa de todos los problemas que tiene el buen hombre en la cabeza.

¿Y qué, si tienes razón y el dependiente se cansa de tus preguntas? ¿Acaso no es ése su trabajo?

Lo mismo pasa cuando sales a la pista de baile o hablas en público. No sabes lo que los demás piensan. Además, como hemos dicho tantas veces, es más probable que ellos estén más pendientes de sí mismos que de lo que tú hagas.

¿Y si no es así? ¿Y si te señalan y se ríen?

Piensa en porqué hacen eso. Así no suelen comportarse las personas que están contentas consigo mismas. Esa forma de actuar es más propia de personas que no se sienten bien siendo ellas mismas y no les sale apreciar lo bueno que hacen otros.

Y lo bueno es que te sientas libre: que te muevas, que te equivoques, que aprendas haciendo lo que te apetece, sin dejarte aprisionar por tus críticas ni por las de otros.

3. Ocúpate de lo que tú piensas y haces. Definitivamente, no está en tu mano que todos los presentes hagan un juicio favorable de tu persona.

Incluso si bailas divinamente, si demuestras sabiduría o tienes éxito en cualquier cuestión que gustes, habrá críticas negativas que no esperas.

Lo que sí puedes es ocuparte de tus pensamientos y de tu actitud:

  • Puedes valorar la persona que eres, más allá de que metas la pata como hacemos todos.
  • Puedes hacer a un lado la mala costumbre de pensar de antemano que los demás van a burlarse de ti.
  • Puedes quitarle importancia a que un pobre individuo quiera perder su precioso tiempo riéndose de lo que haces.
  • Puede elegir si te calan o no sus comentarios.
  • Puedes tomártelo con sentido del humor.
  • Puedes hablarte como a un amigo, que se anima en lugar de echarse abajo.
  • Puedes relajarte, tomar impulso y lanzarte a eso que te da tanto miedo.

Mira si puedes hacer cosas…

Si no te atreves, si no bailas, si no preguntas, seguirás pensando de ti lo mismo que antes: que eres torpe o ridículo.

Actuarás conforme a esa etiqueta que te has colocado a ti mismo. Y quizás pienses alguna vez que la gente tiene mala leche y es muy dura juzgando a los demás.

Pero, ¿quién ha sido el duro aquí? ¿Quién te ha impedido hacer lo que quieres?

Imagen de Auntie K