¿Eres esclavo o dueño de tu tiempo?

El otro día una amiga me comentó que no tenía tiempo para leer. Y, a cada sugerencia que yo le hacía para encontrarlo, más se molestaba conmigo.

Naturalmente, no me lo tomé a mal. Su molestia nacía de la frustración de querer leer y no encontrar la manera de hacerlo. Además, por mi parte fue torpe hacer tales sugerencias.

Cuando una persona se queja no siempre quiere que uno le ayude a resolver el problema. Muchas veces tan sólo quiere que se la escuche o que se le reconozca el mérito de soportar una “terrible” situación.

Éste es el caso de mi amiga y su falta de tiempo para leer. Y también es el de otras personas que se quejan del mismo problema: la falta de horas para hacer lo que está relegado (leer, meditar, salir, ejercitarse…).

el tiempo vuela

Pongamos claro que nadie tiene derecho a juzgar cómo organiza su tiempo otra persona. Nadie tiene porqué imponerle su criterio a la hora de establecer sus prioridades. Es la propia persona la que decide lo que quiere hacer con su tiempo. Y, elija lo que elija, bien elegido está.

La cosa es que no siempre somos conscientes de las decisiones que tomamos. No siempre damos prioridad a las actividades más importantes. Pero esto, más que para frustrarse, sentirse culpable o una víctima de las circunstancias, es una razón para reflexionar sobre la cuestión y encontrar soluciones.

Las culpas, las quejas o las excusas no sirven para solucionar el malestar. Si acaso, para incrementarlo.

Cuando te sientes culpable o frustrado, es porque tienes la sospecha de que no estás tomando las decisiones más acertadas sobre lo que haces con tu tiempo. En ese caso, lo que va a aliviar el malestar es que examines a qué dedicas tu tiempo cada día y aclares tus sospechas.

Puedes encontrarte con que, efectivamente, no sacas tiempo para leer porque se lo estás dedicando a otras actividades prioritarias. O tal vez te encuentres con que dedicas dos horas semanales a ver la tele y ésas se las podrías dedicar a la lectura.

En ambos escenarios sales ganando porque despejas dudas. Y en el de las dos horas de televisión ganas más: la posibilidad de elegir una actividad distinta.

No te sientas culpable por ver la tele o por descubrir que se te va el santo al cielo cuando estás en internet y las horas pasan volando. Ni culpable ni víctima, sino todo lo contrario: una persona responsable que libremente elige lo que quiere.

Para hacer ejercicio de esa libertad, antes has de recopilar las opciones que tienes. Búscalas. No eres esclavo del reloj. Eres el dueño (la dueña) de tu tiempo.