5 Excusas que se ponen para no hacer ejercicio

De este tema he hablado otras veces, pero hoy he decidido hacerlo con más pasión y extensión: de las excusas que se ponen para evitar hacer ejercicio.

Con suerte, quizás impregne un poquito a alguien que se resiste a hacer ejercicio físico con regularidad, pese al sinnúmero de razones saludables que conoce para hacerlo.

Lo bueno es que la costumbre de hacer ejercicio se está extendiendo tanto, que cada vez se encuentra menos gente que lo considera una actividad para niños, jóvenes, deportistas o personas que quieren controlar su peso.

La solución más simple para acabar con las excusas, como ya sabes, es convertir el ejercicio físico en un hábito, lo mismo que el de lavarse los dientes.

Pero, entre tanto el ejercicio físico se ancla entre los quehaceres diarios, apuntemos réplicas para desarmar las excusas más populares.

Espero que a ti no te hagan falta. Si fuera el caso, tratemos de tirarlas a la basura.

¿Qué excusas ponemos para evitar hacer ejercicio?

Persona decide vencer las excusas y ponerse a hacer ejercicio en casa.

Hay 5 excusas muy populares. Vamos a desmontarlas.

¡Ah! No pienses que te estoy echando la bronca. Estos mensajes van dirigidos a mí, principalmente. 😉

1. No tengo tiempo

No vale. Mientras estás pensando si tienes tiempo o si no, ya podrías haber hecho ejercicio.

Piensa, por ejemplo, en el capítulo de una serie de televisión. ¿Qué dura? ¿Media hora? Puedes pedalear, saltar o trotar en el sitio mientras tanto. (Sí, mientras ves la tele.)

O, si la serie no es tu favorita, puedes salir a caminar a paso ágil por el barrio.

Para otras cosas se entiende que no tengas tiempo. Pero mover el cuerpo (cada uno dentro de sus posibilidades) es tan importante como comer y dormir bien.

2. No tengo dinero

Yo tampoco. ¿Y quién necesita pagar la membresía de un gimnasio o comprar un equipamiento costosísimo? Si no llega, no llega.

Hay opciones para todos los presupuestos. Está la clásica de comprar un buen calzado y recorrer el monte o, si te interesa practicar alguna rutina en especial, con darte una vuelta por Youtube encontrarás bastantes vídeos.

La falta de dinero también apagaba un poquito mi motivación (al principio). Ya no (menos mal).

Como constancia, hice esta entrada: Ideas económicas para hacer ejercicio. Ahí encontrarás más propuestas.

3. No tengo ganas

Esta excusa es comprensible si conoces o practicas poca variedad de ejercicios. Y la situación se resuelve buscando actividades que sí te gusten o que no te resulten un tostón.

Y, si no encuentras ninguna entre los cientos que hay, siempre te quedará bailar por la casa tus canciones favoritas.

Deja de pensar en las ganas porque, una vez metido en materia, te sientes mejor y, cuando terminas de moverte, estás como nuevo.

4. No sirve para nada

Llevas un tiempo practicando ejercicio de manera más o menos regular. Comenzaste para perder algunos kilitos, pero parece que no bajas ni un gramo. No observas resultados que te motiven a seguir.

Quizás sea que estás siendo impaciente o que están fallando otros aspectos. Es cuestión de que lo estudies.

Pero, poniéndonos en que sea crudamente cierto, ¿acaso no sirve que te sientes mucho mejor después de hacer ejercicio?

  • Te llenas de energía.
  • Te desestresas.
  • Le haces un bien a tu cuerpo.

Sólo por eso compensa sudar.

Persona utiliza material que tiene en casa para hacer ejercicio físico.

5. Nadie se apunta

Tratas de que un amigo o conocido te acompañe y no hay manera. Prefieren quedarse sentaditos a buen recaudo.

Te entiendo. Pocas cosas hay más contagiosas que la pereza.

Pero, ¡qué rayos! Tú no necesitas un acompañante para esto. Puedes hacer ejercicio por tu cuenta, dentro o fuera de casa, porque es lo que tú has decidido.

Es probable que conozcas gente que coincida contigo allá donde vayas. Pueden surgir nuevas amistades si vas a un gimnasio, a un curso de baile o donde sea.

Aunque, si no fuera así, seguiría valiendo la pena que hagas lo que tú crees que es bueno para ti.

Quizás, si detestas el ejercicio físico, lo que ocurre es que le tomaste manía desde tiempos remotos. Puede ser.

Yo empecé a tomársela cuando una monja nos sacaba al patio del colegio y nos hacía correr mientras tocaba los palillos. Después, venían unas cuantas flexiones, estiramientos y demás. Cada día era la misma historia.

Qué bueno que son otros tiempos y tenemos acceso a más información, tanto sobre variedad de ejercicios, como sobre las maneras de vencer la decisión de ese niño interior tuyo que desarrolló repulsión por la gimnasia.

Mi niña interior, al final, superó la aversión a ponerse el atuendo deportivo y moverse. ¿Qué pasa con tu criatura?

Ponte creativo

No hay una sola manera válida para hacer ejercicio. Hay muchas opciones que puedes adaptar a tus circunstancias.

Haz a un lado las excusas y busca la manera de hacer lo que quieres.

Seremos dos en este empeño.


Categoría: