3 Maneras de desmotivarte y no lograr tu objetivo

Seguro que no estás aquí buscando maneras de desmotivarte, sino todo lo contrario.

Pero es que, a veces, uno obtiene resultados que no está buscando. (Que me lo digan a mí cuando me meto en la cocina.)

Existen muchas maneras de desmotivarse uno mismo cuando está persiguiendo un objetivo. Pero hoy nos vamos a quedar solo con tres de ellas, que hay que decir que son especialmente “tramposas”.

Parece que nos impulsan, que son de ayuda. Y puede que lo sean a corto plazo.

A medio-largo plazo son apuestas para un fracaso casi seguro.

1. Tener expectativas “locas”

Objetos asociados a bajar de peso, que ilustran unas expectativas poco realistas.

Por ejemplo: Darte un estrechísimo plazo de tiempo para perder 20 kilos y caber en un vestido precioso. Nada realista.

(Piensa en cualquier otra cosa distinta a perder kilos. Yo he elegido este objetivo para poner los ejemplos, porque se acerca la temporada de los bikinis y me ha venido a la cabeza. ¿Por qué será?) 😀

Empiezas con muchas ganas al imaginarte que, echándole todo tu empeño, vas a lograr lo que quieres.

Sin embargo, días después de comenzar con tu titánico esfuerzo, compruebas que los resultados son mucho más pobres de lo que tú quisieras. ¡No vas a llegar!

Y, en cuanto caes en la cuenta, la motivación no tarda en desinflarse como un globo.

¿Una alternativa? Baja a la tierra.

Está bien ponerse un listón alto. Pero has de darte el tiempo y los recursos necesarios para saltarlo.

Si el objetivo es ambicioso, piensa a largo plazo y elabora una estrategia para recorrer el camino.

En lugar de hacer cambios drásticos, introdúcelos gradualmente. En el caso de querer mejorar tu figura, por ejemplo, ve incorporando cambios saludables en la dieta, introduciendo más actividad física, etc.

Valora los avances. Esto lo puedes hacer estableciendo sub-objetivos (dividiendo el objetivo principal en objetivos pequeñitos) y celebrando cada conquista.

Y, además de los avances en los sub-objetivos, valora las acciones que estás realizando.

Por ejemplo: Progresas más despacio de lo que pensabas con esos kilitos que quieres quitarte. Pero esta semana has conseguido cenar ligero todos los días y eso te anima.

¡Estás avanzando!

Por cierto, los objetivos SMART pueden brindarte una buena estructura en un objetivo de este tipo.

2. Empezar demasiado fuerte

Objetos que representan hábitos saludables. Sugiere que una manera de desmotivarte puede ser emprender muchos cambios a la vez.

Termina el fin de semana y te das cuenta de que has cometido muuuuchos excesos con la comida. Entonces decides que, a partir del lunes, harás una dieta espartana y obligarás a tu desacostumbrado cuerpo a hacer dos horas de ejercicio diarias.

El lunes vas con todo, hiper-motivado y determinado a cumplir lo que has previsto. Pero, en cuestión de días, estás para el arrastre: harto de ensaladas y con dolores hasta en los párpados. ¿La motivación?, por el subsuelo.

¿Una alternativa? Ve pasito a paso, con calma.

Como dice más arriba, plantéate pequeñas metas razonables e incorpora a tu rutina diaria acciones sencillas, para ir subiendo en dificultad progresivamente en caso de que sea necesario.

Por lejos que esté tu objetivo, llegarás paso a paso, día a día. Puede que incluso antes que si empiezas a toda mecha, te desmoronas a la mitad y te toca remontar desde ahí.

3. Apostar por las innovaciones milagrosas

Una serpiente de cara, que representa una trampa silenciosa, en la que caemos sin darnos cuenta.

Anuncian un producto fantástico, una dieta prácticamente milagrosa o un método para adelgazar mientras duermes. Los testimonios de los clientes te convencen. ¡Genial! ¡Saltas de la alegría!

Pones tus esperanzas en esa maravilla del marketing y, qué horror, contigo no se ven esos asombrosos resultados. Naturalmente, te decepcionas.

¿Una alternativa? Sé más prudente con esos objetivos que son importantes para ti.

No des crédito rápido a esos milagros solo porque te gustaría que fueran realidad. Hay mucha trampa en estas cosas, por desgracia.

Infórmate y haz tu plan acudiendo a fuentes fiables y a profesionales que te orienten, según tus necesidades y características.

Si resulta que de la innovación te puedes fiar, ¡bien! ¡A por ella!

Y, si resulta que el camino que encuentras no es tan cómodo y rápido como el que promete el producto milagro, no le temas al esfuerzo. Lucha por lo que quieres, que mejor te sabrá la conquista.

 

Sirvan estas tres situaciones para reflexionar sobre esas técnicas e ideas que suenan prácticas y motivadoras, y resulta que suelen tener el efecto contrario.

Quizás para ti sean otras. Que cada cual descubra las suyas para adoptar lo que sí le sirve para motivarse, ¿no te parece?


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