Trabajar o estudiar en verano puede ser un infierno. Que no sea tan duro, depende de tu actitud y de cómo te organices.
Aquí tienes propuestas de una trabajadora veraniega con experiencia. (Ya no recuerdo cuándo fueron las últimas vacaciones que tomé en verano.) Si quieres, puedes sumarlas a las tuyas. Hazte de recursos.
Ya verás como, después de todo, no lo pasas tan mal como imaginas. Si aprovechas la ocasión, además de ser productivo en estas semanas, sumarás una pila de buenos momentos.
1. Evita pensar lo tortuoso que es trabajar o estudiar en verano
No le des vueltas. ¿Necesitas esforzarte en estos días? Pues, nada. Esa es la situación que tienes delante y tú tienes la capacidad necesaria para adaptarte a ella.
Si piensas continuamente que estás viviendo una tortura infernal, lo pasarás peor. Acrecentarás el fastidio, el malestar y el cansancio.
No tiene por qué encantarte trabajar en verano. Pero, al igual que una situación placentera, es temporal.

2. Recuerda por qué te estás esforzando
Hay una razón (o varias) que justifican el esfuerzo de estas semanas. Recuérdalas, poniendo el acento en lo que ganas.
- ¿Estudias porque suspendiste y necesitas pasar un examen de recuperación? Bueno, sí. Pero también para saber más y superar una prueba que supondrá un avance.
- ¿Trabajas porque no te queda de otra? Vale. Pero vas a ganar algo con ello.
Enfoca los beneficios que obtienes, para que tu pensamiento de vivir un “verano tristón” (si es el caso) no se lleve todo el protagonismo.
3. Vístete según lo que hagas
La ropa que te pones influye en cómo te sientes. Elígela según la actividad que realices. Cuando vayas a echar un rato de trabajo o de estudio, viste con ropa que te “inspire” para trabajar.
Parece una tontería, pero no lo es. Comprueba por ti mismo, si te apetece, que cuando te quedas en pijama o te vistes como para ir a la playa, no te concentras lo mismo en el trabajo.
4. Bebe más agua
No te olvides de lo más básico. ¿Quién va a motivarse para trabajar cuando está medio deshidratado?
Bebe lo que necesitas para reponer líquidos y eliminar toxinas. Así tendrás más energía.
No dependas tanto de la cafeína para combatir la modorra, cuando hay una opción más saludable, más barata y que no te quita el sueño por la noche: ¡agüita fresca!

5. Planea el día
Cuando vayas a entrar en faena, selecciona las tareas importantes del día, asígnales un tiempo y ve tachándolas de la lista a medida que las termines.
Prioriza, subdivide, ordena. Trabaja de forma eficiente, de tal forma que te queden horas de descanso durante los laaaaargos días de verano.
[Si quieres, échale un ojo a: Qué hacer cuando necesitas vacaciones y no puedes tomártelas. Ahí tienes más ideas.]
6. Corta con las distracciones mientras trabajas
Si necesitas concentrarte, apaga el teléfono o las notificaciones, bloquea Facebook u otras páginas tentadoras, dale un giro al escritorio para que no esté frente a la ventana, etc.
Identifica tus principales distracciones y encuentra la manera de evitar las que puedas. Cuando termines el trabajo, te desquitas a placer.
7. Respeta el descanso y el ocio
Esto es fundamental para poder cumplir lo anterior. Aunque trabajes en verano, proponte disfrutar de la estación.
Planea actividades que te gusten para las vacaciones (si te tomas unos días), para los fines de semana y para cada día ordinario (esto es importante).

En verano hay más horas de luz solar y no es saludable que todas ellas estés metido entre cuatro paredes (menos aún, trabajando a destajo).
No guardes los descansos solo para la noche.
Procura salir en algún momento del día al exterior, aunque sea a dar un paseo cuando el sol no abrase.
8. Relaciónate
Evita enclaustrarte, que eso desgasta muchísimo. Te lo digo yo. El contacto con la gente (que te cae bien) sube los ánimos.
Charla o queda un ratito con personas en tu misma situación, que tengan obligaciones parecidas. Comparte algún hobby con alguien. A ver qué se te ocurre. Eso sí, que no sea todo vía Facebook o Whatsapp.
9. Reconoce tu esfuerzo
El esfuerzo estival que realizas es mérito más que suficiente para que te comas a besos a ti mismo. Y, si no eres tan efusivo, elige el adjetivo que más te guste y dedícatelo.
Si eres capaz de apreciar la dedicación y el esfuerzo de otras personas, haz lo propio contigo.
También es buena idea que te regales algún detallito. Sí, pequeñas autorrecompensas para permanecer motivado. ¿Qué tal irte a disfrutar de una estupenda película después de terminar con la tarea?
10 Rescata lo bueno
Cuando hagas balance del día, haz recuento de lo mejor que ha tenido. Así practicas la gratitud.
Además de que la gratitud es un hábito ligado al bienestar, puede motivarte para seguir sumando mañana. ¿Sumar, qué?
Avances, ya sea en el trabajo o en el estudio. Y, desde luego, buenos ratos. Las experiencias agradables del día, pueden animarte a buscar otras lo mismo de buenas para mañana.
Conclusiones
Dejemos a un lado el drama y la cara larga, si te parece. Trabajar o estudiar en verano es una experiencia que podemos hacer más agradable y fructífera.
Y, en caso de que no lleguemos a conseguirlo (poco probable, si le echamos un pelín de creatividad), por ahí viene una nueva etapa. El otoño llegará con nuevos aires.
Por lo pronto, nadie nos quitará la cervecita fresca cuando terminemos la faena. (Eso espero.)
Imagen de Seth



