Cómo dormir con la conciencia tranquila

Hablemos de cómo irse a dormir con la conciencia tranquila, que es otro hábito de interés para muchos de nosotros.

Esta es una cuestión relacionada con tus valores personales.

Los que tenemos algunos años recordamos la voz de la conciencia representada por Pepito Grillo, el consejero de Pinocho.

Ojalá que viniera ese pequeño insecto para asistirnos en momentos de confusión:

—“¿Habré hecho lo correcto? ¿Y qué hago ahora?”

conciencia tranquila

Usualmente las respuestas a esas preguntas las obtenemos a través de sensaciones, que nos saben a acierto. O, por el contrario, a estar metiendo la pata.

Esa vocecita de la conciencia vigila que cumplamos con nuestros valores personales. Cuando obramos conforme a ellos, está callada, en paz. Y, cuando actuamos en sentido opuesto a dichos valores, experimentamos una sensación incómoda.

Y no. No queremos eso. Queremos llegar a la cama con la conciencia tranquila, con la sensación de haber hecho lo correcto.

Ahora viene la pregunta esencial.

¿Cómo se hace para tener la conciencia tranquila?

Podemos prestar atención a dos cuestiones.

1. La integridad

Practicar la integridad consiste en hace lo que va en consonancia con nuestros valores o principios. Cosa que, llevada a la práctica, es más difícil de lo que parece.

irse a dormir con la conciencia tranquila

Por ejemplo, estás siendo íntegro cuando:

[Son solo ejemplos, claro está. Tú eres quien sabe qué es lo más importante para ti.]

Sea lo que sea lo que tú más valoras, cuanto más congruentes sean tus acciones con esas cosas importantes para ti, mejor te sientes contigo. Y eso produce esa paz que te ayuda a descansar a pierna suelta.

Te cuesta más tener la conciencia tranquila cuando obras en sentido contrario:

El problema es que, por mucho que te esmeres, algún día vas a equivocarte o a tomar una decisión que vaya en contra de tus prioridades. Cuenta con ello. Eres humano. Nadie lo hace todo perfecto, ni tiene por qué.

Y aquí es donde llega el segundo elemento que te ayuda a encontrar esa paz:

2. El perdón

Perdonar los errores que cometas no supone pasar olímpicamente de ellos y darte una palmadita en la espalda.

El perdón implica reconocerlos, responsabilizarte por dichos errores y aprender de los mismos para hacerlo mejor en la siguiente oportunidad. En este caso en concreto, es una actitud responsable a la par que conciliadora.

Si te acuestas cada día lamentándote por lo que no has hecho o culpándote por tus meteduras de pata, poca paz mental vas a tener.

Además, ¿acaso ese sufrimiento extra garantiza que nunca más vayas a equivocarte?

Suena más saludable perdonarte por tus errores del día, quedar en paz contigo y levantarte mañana con el propósito de hacerlo mejor.

En resumen, estas dos cosas ayudan a irse a dormir con la conciencia tranquila:

Ser íntegro y reconciliarte contigo cuando falles.

Cuestión de practicar y practicar. Yo misma me hallo en esas y no me sale bien todos, todos los días. Cosa que no impide que al día siguiente lo vuelva a intentar.

Porque, cuando cierras los ojos, esa sensación de estar en paz es de lo mejorcito que hay. ¿No te lo parece?